‘Sin reforma agraria, no hay democracia’

Judite Stronzake, representante de la Coordinación Nacional del Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST) de Brasil, impartió la ponencia de cierre del Congreso Latinoamericano sobre Democracia y Dictadura, realizado en Cornell University el 27 y 28 de septiembre de 2013. A continuación sigue el texto de la ponencia, pronunciada originalmente en español.

JUDITE STRONZAKE:

Buenas tardes a los organizadores de la conferencia, estudiantes, maestros, investigadores y activistas sociales.

Desde el MST y La Vía Campesina, es un honor el espacio para poder compartir nuestras experiencias actuales, sobre un tema tan profundo y complejo para los pueblos y movimientos sociales de Nuestra América Latina y Caribe. ¡Muchas gracias por la invitación!

Nuestra actual democracia es un avance pero es insuficiente

En estos últimos tiempos, en estos últimos veinte años en especial, en nuestros países y en Brasil, lo que tenemos es una democracia representativa. Cada cuatro años tenemos la oportunidad de participar con nuestro voto. Después de 21 años de dictadura en Brasil, del 1964 hasta 1985, logramos una conquista de la clase trabajadora y de las organizaciones una apertura democrática.

Entonces tener un régimen democrático y representativo con los poderes legislativos, judiciarios, executivos con instituciones, reglas y la existencia de una constituyente son muy importante para el régimen democrático.

Mas comprendemos que es insuficiente. Nosotros votamos pero no hay otros mecanismos de tener una democracia más directa y participativa. Así la democracia que hay es insuficiente desde el punto de vista de participación social, donde es muy necesario uno sistema político que el pueblo sea el soberano, abriendo caminos para atender las demandas e aspiraciones populares como educación gratuita y de calidad, transporte público de calidad, reformas agrarias – urbanas y tributarias, reestatizacion de las empresas privatizadas y la salud gratuita y de calidad.

En nuestra democracia, tenemos una Constitución, cuando la dictadura militar fue derrocada, en 1985, el movimiento de masas colocó en el orden del día la necesidad de nuevas instituciones para el Brasil.

A pesar de los avances en los derechos sociales, algunos quedarían solamente en papel. La Constitución de 1988 preservó muchas instituciones creadas o profundizadas por el régimen militar, como por ejemplo la policía militarizada y la manutención de la estructura agraria.

A pesar de esto, hay un artículo muy importante, el artículo 184, donde dice que toda la tierra tiene que cumplir su función social. La tierra que no la cumple, tiene que ser desapropiada y distribuida a los campesinos y campesinas sin tierra, quilombolas, y preservar los territorios indígenas. Es la democratización del acceso a la tierra.

Además, toda la tierra que emplea el trabajo esclavo o que está vinculado al narcotráfico, tiene que ser apropiada por el gobierno y también distribuida a los campesinos sin tierra.

Entonces desde el punto de vista democrático actual, hemos avanzado. Sin embargo, al mismo tiempo somos el país campeón del mundo en concentración de tierra. En Brasil el 1 por ciento de la población tiene el 46 por ciento de las tierras.

Es importante, la democracia que tenemos ahora. Mas, tenemos que crear mecanismos para que la sociedad pueda intervenir también desde el punto de vista constitucional con sus organizaciones y movimientos y que también tenemos que crear nuevos mecanismos para que la sociedad pueda decir qué queremos y qué no queremos para el presente y el futuro del país.

Un hecho concreto es que tiene que haber un modelo de democracia directa para que nuestra gente pueda decir si quiere o no quiere consumir 7 botellas de químicos tóxicos cada año.

Nadie nos consultó si queremos tragar todos los años, siete botellas de agua y comida con químicos. Somos obligados a consumirlo. Entonces ¿cuál es el grado de democracia que tenemos? Somos obligados a consumir agrotóxicos y alimentos transgénicos todos los días, alimentos basuras que solamente causan enfermedades y cáncer que no tienen remedio.

Así, las preguntas que tenemos que hacer hoy son, ¿Democracia para qué? ¿Democracia para quién? ¿Democracia para cuáles grupos sociales? ¿Y cuál tipo de democracia queremos?

Hace 28 años acabamos la dictadura en Brasil. Hoy somos la sexta economía mundial. Pero somos el número 85 en el índice de desarrollo humano social.

Desde el punto de vista económico, Brasil va bien según la economía. Mas, desde el punto de vista del subdesarrollo humano, nuestro país está en la misma condición de muchos de los países menos desarrollados del mundo. Esto nos dice que hay una nueva dictadura que camina por las instituciones internacionales en el estado burgués. ¿Cómo percibimos esto? Leemos los acuerdos internacionales.

Crisis mundial provoca explotación de riquezas naturales

Con la crisis mundial de capital financiero internacional hay una búsqueda de riqueza a las fuentes naturales. La tierra, el agua, la biodiversidad y los minerales. Todo esto apoyado en los acuerdos internacionales entre las grandes empresas, instituciones, gobiernos y estados.

Las comunidades campesinas e indígenas son las más afectadas de este modelo de producción que existe a nivel mundial. Entonces decimos que este es el tipo de dictadura actual que tenemos.

Hay una unión en los últimos 20 años entre las empresas transnacionales, el capital financiero internacional -que son los banqueros- y los propietarios que crean un nuevo modelo que amenaza a los campesinos. Se llama el agronegocio o el agribusiness.

¿Y las consecuencias de esto? Es lo que comemos — comidas patroneadas y transgénicas.

En Brasil tenemos una cultura de comer arroz y frijoles todos los días. Están tratando de imponer otra cultura de comida que no es de nosotros, con el fast food. Esto lo conocen bien. Son los burgers, los restaurantes de McDonalds.

Hay un cambio también de semillas. El agronegocio trata de quitar las semillas nativas. Hay ahí una resistencia muy fuerte llevada por los movimientos sociales de mantener y preservar las semillas en las comunidades.

Es el mismo modelo con el agua. Hay mucha privatización, mucho intento de privatizar el agua. Esto también es parte del nuevo modelo de dictadura que tenemos. Nuestras comunidades dicen que el agua es un bien común. No es de las empresas.

Un litro de agua cuesta 4 reais, es decir 2 dólares. Una botella de gasolina es más barata que una botella de agua.

Ellos han creado sus propias crises. Las han producido para atacar a los campesinos y las indígenas para tomar sus recursos naturales y la minería. ¿Y qué producen? Las empresas transnacionales, el capital financiero internacional y el agronegocio quieren producir un campo sin campesinos.

Ya lo han logrado en Europa. En muchos países en Europa sólo el 1 por ciento de la población vive en el campo.

Los agronegocios producen en monocultivos, grandes cantidades de tierras de buena calidad para la producción de alimentos. Producen caña, soya, naranja, maíz y eucalipto. Todo es para la exportación.

A consecuencia, es que hay tanta hambre en el mundo, que cada cinco minutos hay un niño que muere de hambre en el mundo, confirme el especialista de las Naciones Unidas, Jean Ziegler, “el hambre en el mundo es igual al crimen organizado”.

Otro modelo actual de dictadura es los medios de comunicación masivos que se unen a las empresas transnacionales, el sector banquero y el agronegocio para que la gente no perciba la realidad, tornan las personas ajenas de la vida concreta, creando un mundo de consumismo, individualismo y competencias.

Necesitamos mecanismos de participación

Para terminar, quiero compartir un poco de nuestra comprensión de la democracia.

Una idea que planteamos es que sin reforma agraria no hay democracia. Debemos democratizar el acceso a la tierra. La mayoría de los dueños de las grandes extensiones de tierras de Brasil viene de las 500 empresas transnacionales más grandes del mundo, que producen comidas transgénicas. Entendemos que si no hay una democratización de la tierra, no hay una profundización de la democracia. Creemos hoy en la Reforma Agraria popular, para toda la sociedad brasileña.

Otra propuesta de democracia es que cada comunidad y cada pueblo deben tener el derecho de decidir qué come y cómo come. No debe haber una imposición de las empresas transnacionales y sus comidas transgénicas. Queremos la democracia con soberanía alimentaria.

Una tercera propuesta es la democratización de acceso al conocimiento y a las universidades. Exigimos el acceso a la educación gratuita y de calidad para el público. Y también acceso al transporte público y de calidad y la salud.

Hay unas personas en mi país que nunca han visto a un médico. Ahora hace un mes el gobierno de Brasil hizo un convenio con Cuba, y llegaron 6,000 médicos cubanos a Brasil para trabajar en comunidades campesinas e indígenas, localidades más distantes de los grandes centros urbanos. ¡Bienvenidos los médicos cubanos a Brasil!

Al mismo tiempo tenemos que crear más universidades de medicina para que los trabajadores que les gustaría practicar la medicina, puedan ser médicos.

La democracia también debe consistir de trabajo con sueldos dignos para que los trabajadores podamos vivir con dignidad. La gente debe tener acceso al transporte y vivienda, deporte y cultura. Se nos tiene que cumplir el derecho a la fiesta, la música, el arte y la diversión.

Necesitamos crear mecanismos directos de participación a la sociedad para que no nos quedemos esperando cada cuatro años para votar, en la esperanza que apenas el gesto de lo voto hace cambios estructurales en el país.

Un problema que tenemos en nuestro continente es que la democracia no debe significar la intervención de países en otros países. Hay actualmente una intervención militar en Haití, por la MINUSTAH. Los haitianos y haitianas necesitan su soberanía y no ejército. Y hay bases militares como por ejemplo en Colombia siete nuevas bases militares estadounidenses y hay en otros países de América Latina y Caribe. También la democracia debe significar que los movimientos sociales puedan hacer manifestaciones en cualquier país sin ser considerados terroristas. Es el derecho de ir y venir y la libertad de opinión.

Estas formas de dictadura y dominación son las experiencias de la gente sin tierra, los campesinos, indígenas y afrodescendientes en mi país. Son tiempos de duras luchas por derechos humanos elementales.

Tenemos que empujar el gobierno para resistir las demandas de las empresas. Es una lucha permanente. Debemos mantenernos en las calles para que el gobierno trabaje por el beneficio de la clase trabajadora y no por los intereses de las grandes corporaciones y del agronegocio.

¡Muchas gracias!

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