Los nueve días de Francisco Antonio Santos: Un homenaje desde la cuarentena neoyorquina

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Francisco Antonio Santos, 1 de mayo del 1940 – 15 de abril del 2020. Foto del autor.

Por Tim W. Shenk, Coordinador de CUSLAR
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El pasado 15 de abril, falleció en Santo Domingo, República Dominicana, un mentor, maestro y amigo, Francisco Antonio Santos. Fue dirigente sindical e de izquierda, y fue uno de los infatigables en luchar por los derechos y la dignidad de los pueblos. Sobrevivió el régimen represivo de Joaquín Balaguer y jugó un papel central en la formación, análisis y organización de la clase trabajadora dominicana durante seis décadas. Hoy si no fuera por las medidas de aislamiento social requeridos por el coronavirus, sería el novenario y la celebración popular de su vida.

Estamos a nueve días de la partida física de Francisco Antonio Santos. La calle que pasa frente a su casa no está vacía. Mira otra vez -las hojas secas, las sombras y las mariposas- somos nosotros.

Yo no estoy en mi casa en cuarentena y tú tampoco. Estamos bajo una carpa en medio de la Calle 1ra en María Auxiliadora, Santo Domingo. Esta calle de una sola cuadra, ha sido cerrada de ambos lados por jóvenes vestidos de las franelas de los Lakers y de Cleveland. Han colocado conos cogidos de algún lado y las gomas están bien posicionadas pero aún sin quemar.

Es justo que su nueve días caiga justamente hoy, un 24 de abril, un día de homenaje a héroes. Un día de insurrección contra la soledad de la muerte y la rabia ciega del hambre.

Tú y yo y muchas personas más, estamos abrazando a todo que pase, entre risas, llantos y muchos largos silencios. Estamos con el sudor de un verano que ha entrado, como la muerte, de golpe y a destiempo.

La gente no para de llegar. Llegan familias completas en un motor. Llegan a pie, los cojos con sus muletas y los niños corriendo. Llegan de los barrios en carros arreglados con alambre y cordones de tenis. Llegan 30 apretados en una camioneta, y cuando bajan, bajan con sacos de limones, racimos de plátanos, y fundas embarradas de tierra y repletas de yuca. Bajan con el polvo del camino y con las manos hechas puños. Alzan las banderas de las asociaciones campesinas -amarillo y verde, rojo y negro. Cada persona es recibida con jugo y un saludo tan caluroso como el tiempo. Hay quienes sacan sus pañuelos para secar la frente y de paso se secan los ojos aguados. Gorras hay de todos los equipos de pelota.

El coquero deja su triciclo por un momento y da su pésame. La señora que vende aguacate, baja la ponchera de la cabeza y entra a regalar aguacates a la señora de la casa. Se le brinda su jugo. El gomero de por ahí alante, ha cerrado por hoy y está dando tragos de un pote de Brugal Extra Viejo que parece no tener fondo.

Hay una sola discusión en todo el día. Es cuando un candidato de uno de esos partidos comemierda, se aparece en su yipeta blindada e intenta entrar para dentro. Los jóvenes en la esquina le dicen que este no es el momento. Le dicen que es mejor que no avance más. Bueno. No se lo dicen con esas palabras. El candidato ve que su juego está trancado. Arranca la yipeta y se va con un polvorín. La poca gente que toma nota del acontecimiento, agradecerán a los jóvenes después.

Como este cuento es mío, voy a decir que lo próximo que ocurre es que el mismo Santos se nos aparece en el medio de todo. Excúsame. Yo lo estoy contando así. Si no te gusta, escribe tu propia versión. Santos es un espectro más entre todos los espectros, que recorre su pueblo. Todo lo goza. Es más joven, pero con el mismo calvo y el mismo bigote. La misma risa y la misma voz ronca.

Entre los cuentos que se cuentan bajo las carpas bajo el sol, están los de la Central General de Trabajadores. La CGT fue el principal blanco de las fuerzas represivas de los años 70. Cuentan los viejos de las huelgas. De las imprentas que imprimían palabras ilegales con tinta clandestina, y de los tígueres que andaban en la oscuridad metiendo hojas de papel en los tubos de escape de los carros. En la mañana cuando arrancaban los carros, ¡fuaaaaa! salían las hojas como palomas. La brisa las llevaba a todas las puertas. La huelga fue anunciada.

Santos era uno de los infatigables, uno de los que se atrevía a denunciar, en voz alta y por micrófono, los abusos del régimen de Balaguer. Esto lo pagaba de vez en cuando con tiempo en la cárcel, pero no llegaron a matarlo como mataron a muchos de los que andaban a su lado. Se le oye decir, “Quien renuncia a sus sueños, renuncia a la vida”. Nos recuerda que los pueblos nunca han dejado ni de soñar ni de luchar por la vida. Canta con esa voz ronca y segura, y nos ponemos de pie con él: Agrupémonos todos, en la lucha final, y se alzan los pueblos con valor, ¡por la Internacional!

Ya son las 6 de la tarde. El calor no ha disminuido. De la nada aparecen platos de víveres con carne. Víveres con bacalao. Víveres con salami y huevo. Es que han llegado varias guaguas de los campos del Este, de los Haitises y La Vega. En todas llegaban frutos de los conucos. Las vecinas de toda la calle han puesto los calderos más grandes y entre todas pasaron la tarde pelando plátano y guineo. Da para alimentar a 5 mil. La calle se desborda de gente comiendo. Cae un silencio como neblina, como gas lacrimógeno. Había hambre. La mayoría no habían comido desde la mañana. Se ha manifestado un milagro y hay aguacate de sobra.

Oscurece. La gente está que no quiere irse. Alguien ha puesto un disco viejo y potente: “Y es que no es cierto, señor gobierno, que alguna idea, puede estar presa”. Salen los pañuelos de nuevo. Santos que fue dirigente de la CGT dio el discurso de clausura del gran festival artístico, “Siete Días Con el Pueblo”. El evento, organizado por los grupos sindicales en el 1974, fue grito libertario. No, mejor fue un acto de plena rebeldía, para esa época de los 12 años de Balaguer. “¡Señor gobierno, abra las rejas!” rugía Santos, haciendo referencia a la canción. Presos políticos habían muchos. Combatividad también, había mucha. Todavía la hay. Tú verás.

Cae la noche y la gente se queda. Quizás sea porque somos todos espectros en la Calle 1ra y no nos queremos volver a la cuarentena. Hace tiempo que las vecinas han terminado de fregar los calderos. El colmadero llega con otra caja de ron. Se va la luz, y de repente todo se prende con velas. También prenden las gomas -aquí y en otras partes. Santos no se ha ido. Se ha vuelto humo.

Otros enlaces:

Fallece sindicalista y político Francisco Antonio Santos
Francisco Antonio Santos: La leyenda de la epopeya – Dagoberto Tejeda Ortiz

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